Europa

Hacía algo así como casi 20 años desde que fui a Europa. Cuando me cayó el veinte de esa situación, hubo que remediarlo, y este verano pasé tres interesantísimas semanas por allá.

Mi papá insistió en hacerlo un viaje familiar y terminamos decidiendo tomar un crucero. Él ya no está particularmente joven y era importante no traerlo tan ajetreado como en un viaje en autobús. Jamás había viajado en crucero, y debo admitir que no me esperaba varias cosas.

Primero que nada, jamás había visto un barco de semejante tamaño. Si más no recuerdo, medía 300m de largo. Era un monstruo. Tenía creo que 18 pisos, todos retacados de cosas. Había desde bares y restaurantes hasta un cine, tiendas, y café internet.

Ahora, lo que sí, de plano no me gustó fue que, como fuimos en temporada no tan alta, los pasajeros eran como 98% viejitos. No tengo nada en contra de los viejitos, pero pude haber usado más gente de mi edad para no aburrirme. Mi hermana, como sigue siendo teen pudo meterse a la zona de adolescentes y jugar videojuegos. Yo no. Yo leí. Mucho. 15 libros a la última cuenta. En un viaje de 17 días.

La otra queja que puedo tener es que no pasas suficiente tiempo en ningún lado. Estás en cada puerto 12 horas a lo mucho, tiempo que no te deja ver muchas cosas o explorar lo suficiente. Ahora, habiendo dicho eso, todos los lugares a donde fuimos me encantaron y los tours que tomamos estuvieron de huevos. Aún así me hubiera gustado tener más tiempo en cada puerto.

Al final del viaje quedé con tan buen sabor de boca, que estoy planeando llevarme a mi hermanita a otro viaje por allá para después de que cumpla 18; así mínimo va a poder entrar a los bares, tome o no tome.

Tanto como amo mi chamba, me encanta tomar vacaciones así y salir a conocer el mundo un rato. Pero por ahora, es tiempo de trabajar.